Dos orillas

dosorillasMinerva Salado (ed.), Dos orillas. Voces en la narrativa lésbica, ed. Egales, Madrid, 2008.

220 págs.

Este volumen está compuesto por las historias veinte autoras que abordan las distintas aristas del universo lésbico. Cuento, relato y prosa poética se reúnen en este tomo que, de orilla a orilla -España y América-, libra la distancia del océano para ofrecer una muestra de lo que están haciendo las escritoras lesbianas en el momento actual.
Escribir es enfrentarse a la historia propia y a las de las demás, es tomar la hoja impresa y al releerla preguntarse frente al texto: ¿La que escribió esto soy yo? La respuesta implica una mirada al interior y un nuevo reconocimiento de lo que somos. La identidad se convierte en arte, en literatura, y pasa a formar parte del acervo colectivo de la experiencia vivencial.
Con este caudal se presentan las escritoras que aquí aparecen. La literatura es también un proceso y por ello no hay antología completa. No obstante, la presente entrega da cuenta de la obra en marcha de un grupo de mujeres que, desde estas dos orillas del mundo, avanza en la visibilidad y en la conquista de sus derechos, sin descuidar la mirada interior y la calidad literaria.

Informe sobre señores

informesenoresLorenzo Verdasco, Informe sobre señores, ed. del autor, Tucumán, 2007.

Los protagonistas en general son hombres, hasta que se demuestre otra cosa. Son “señores”. El Informe obra como revelación: puesta al desnudo.
El viejo imperativo del placer estético – esa complacencia que el lector le pide al texto literario- aparece cuestionada en las páginas del libro que nos ocupa. Los escritos de Verdasco tienen la doble cualidad de enrarecer el deleite y sin embargo atrapar al lector.
Como el agua viva que en el mar sorprende al peregrino nadador, lo quema, lo torna extraño al mar y le deja una sensación de ardor que difícilmente le permita retornar al agua con un semblante ingenuo, la narrativa de Informe sobre señores quema, deja inquietud, succiona la ingenuidad. Por qué no decirlo: pervierte. Literariamente hablando, por supuesto.
No sólo por el erotismo finamente agresivo que destilan sus páginas, sino también por la serie de tópicos que emergen de las impúdicas peripecias de los personajes. Me limito a mencionar tres de aquéllos:
En primer lugar, al poner en cuestión su masculinidad, los personajes, se instalan en una zona incierta para la cual aún no existen demasiadas categorizaciones que no sean las típicamente despectivas. Existe la constante oscilación entre ser hombres, o ser, no ya mujeres, sino entrar en la menos incipiente que perturbadora categoría de “amantes de otro hombre”. Por ello, el joven amante de Informe sobre señores, relato que da nombre al libro, ofrece un ambiguo llanto: “…llanto luctuoso por la pérdida de la virginidad y de la hombría, llanto dichoso por la pertenencia al macho lascivo y genitor…”
En segundo lugar, las relaciones entre los personajes parecen atravesadas por una lógica de amo y de esclavo muy a tono con los modos eróticos puestos en juego. En los encuentros suele haber un iniciador que ejerce dominación física sobre otro. Ese otro se redime en la entrega de su carne y en su condición de víctima o siervo. En ningún caso se habla de amor o de algo parecido. Hay, sí, pasaje de un estado a otro: de vecino a “marido”, de compañero de morada a “esposa”, de cliente a “dueño”. Los roles convencionales de marido y mujer relampaguean y se diluyen, mutan, devienen otra cosa. “Es cierto que me pega, pero también es cierto que es el primero que me besa apasionadamente en la boca y me trata como a su señora”, es lo que dice el narrador personaje del relato Pedagogía de la criatura.
En tercer lugar, el tratamiento de la carne es bastante crudo: en una atmósfera erótica especial los cuerpos son atravesados, penetrados, consentidamente forzados. Este es el modo de acceso a una dimensión del placer reservada e impúdica. El cuerpo es víctima de los sacrificios y altar de depósito, doliente receptáculo de las ofrendas. “Mi sexo presto como el cuchillo de obsidiana que utilizaban los aztecas en los sacrificios humanos, se acercó naturalmente a aquella criatura de la noche”, confiesa el narrador personaje en Tres hombres.
Así, el encuentro foráneo y famélico de un cuerpo con otro es la clave de la delicada violencia erótica que impregna el libro, violencia que se condensa y estalla en relatos como El aromo:“lo que empezó a sentir era como una tripa o, más bien, un enorme ratón enjabonado y caliente…” .
Informe sobre señores está constituido por relatos de diversa factura, de trama compacta con una sucesión no siempre lineal de acciones, donde la tensión es constante. Relatos en los que lo obsceno se vale de artificios para hacer su aparición: empleo de segundas personas que enfatizan el carácter de “delación” de ciertas intimidades impuestas al olvido, breves alocuciones descarnadas de los personajes, ambientes dados a la práctica de lo heterodoxo.
En estas ficciones encontramos siempre a un narrador minucioso, una especie de baquiano de los márgenes. Porque aquí se trata de personajes, lugares y experiencias que se revelan como marginales. Y no es de extrañar que esta aproximación que hace el narrador de esos márgenes hacia el centro vital cotidiano y supuestamente normal de los lectores sea lo que torne sofocante – y no menos atractivo – el tránsito por sus páginas.

Por la prof. Natalia Acosta
(Publicado en El Periódico de Tucumán 25/2/2007)

Palabra viva

paalbravivajpgPalabra Viva. Textos de escritores y escritoras desaparecidos y víctimas del terrorismo de Estado.(Comp.), Ed. SEA (Sociedad de Escritores Argentinos, 2005, Buenos Aires.

256 págs.

La obra Palabra Viva es una recopilación de textos de escritoras y escritores desaparecidos durante la dictadura militar. Contiene textos de 71 de esos autores y de 32 solo se publican datos biográficos porque ha sido imposible hasta el momento encontrar sus textos.
La Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina -SEA- realizó un trabajo de tres años para recopilar los textos y las biografías de las escritoras y escritores desaparecidos. La CONABIP apoyó la sitematización realizada por la SEA y colaboró con la edición.

Fausto

faustoJohann W. Goethe, Fausto, ed. Unidad, Madrid, 1999.

480 págs.

La publicación de la primera parte del ‘Fausto’ de Johann Wolfgang Goethe, el clásico alemán por excelencia, cumple 200 años durante los que ha acompañado la vida intelectual de los países germanoparlantes como un mito permanentemente reinterpretado.
En realidad, el aniversario es impreciso: el ‘Fausto’ no quedó terminado en 1808, la segunda parte sólo sería publicada en 1833 (un año después de la muerte de Goethe) y el mito del sabio que pacta con el diablo estaba vivo aun antes de que el autor de ‘Werther’ le diera forma y lo convirtiese en la obra cumbre de la literatura alemana.
Desde el siglo XVI, la historia de un tal Johann Faust había sido aprovechada por autores de obras para el teatro de marionetas y había servido además para inspirar leyendas populares.
Johann Faust nació hacia 1490 en el sur de Alemania y se doctoró en la Universidad de Heidelberg en 1509. Tras dejar la universidad, emprendió una vida de aventuras que dio origen a la leyenda.
Tuvo que huir de diversos lugares donde vivió, acusado de practicar la brujería y que, según documentos de la época, dejó una biblioteca que incluía libros de medicina, matemáticas y magia negra.
El primer libro popular sobre el mito del doctor Fausto fue publicado en 1587 por Johannes Spiess en un prólogo en el que advertía de que había dejado de lado una serie de fórmulas mágicas para evitar que quienes tuvieran el libro entre sus propiedades fueran acusados de brujería.
Luego vinieron otros libros y libretos para teatro en los que el tema recurrente era el del pacto con el diablo para lograr el dominio sobre la naturaleza.
Goethe trabajó prácticamente toda su vida sobre el mito de Fausto. En 1773 escribió una primera versión, conocida actualmente como el ‘Urfaust’ (‘Fausto original’) que no fue publicada hasta muchos años después de su muerte.

En busca del tiempo perdido

buscatiempoperdidoMarcel Proust, En busca del tiempo perdido, ed. Alianza, Madrid, 2007.

516 págs.

La Novela del siglo XX cae bajo las esferas de influencia de dos obras, las que la definirán; por un lado, James Joyce (1982-1942) con su Ulises, y por otro, En busca del tiempo perdido, de Proust. En busca del tiempo perdido es una novela constituida por otras novelas, es la interiorización, el tratar de captar el recuerdo, la memoria, pero a través del mundo, es en el mundo donde el narrador encuentra los detonantes de la memoria, aquellos que lo trasladan a otro tiempo, son los que guían a la novela, a través de ellos conocemos, tanto al narrador y sus emociones, como al pasado y los otros personajes: “Así ocurre con nuestro pasado. Es trabajo perdido el querer evocarlo, e inútiles todos los afanes de nuestra inteligencia. Ocultase fuera de sus dominios y de su alcance, en un objeto material (en la sensación que ese objeto material nos daría) que no sospechamos. Y del azar depende que nos encontremos con ese objeto antes que nos llegue la muerte…”

Es a partir de la llamada memoria sensible que Proust nos traslada por su mundo, por sus memorias. Por el camino de Swann es el primer volumen de los que constituyen la obra capital del parisién, e inicia con el narrador-autor meditando en su cama, a partir de estas meditaciones el lector es transportado a la infancia de Marcel, a los cuartos en que dormía en aquel tiempo, al pueblo de sus abuelos, donde pasaba sus vacaciones, donde, desde la habitación de su tía abuela veía los campanarios de la catedral gótica del pueblo, de Combray. Pero la anécdota no es la esencia en la novela proustiana, sino que va más allá, son los recovecos de la memoria en donde se pierde la anécdota, donde el simple olor de una flor ya marchita, el encuentro con aquel objeto material, nos llevará a encontrarnos con aquella amada que se ha olvidado o con aquel amigo que ya no se trata.

Texto tomado de este enlace