Santa Evita

santaevitaTomás Eloy Martínez, Santa Evita, ed. Alfaguara, Buenos Aires, 2003.

424 págs.

Fue una desaparición itinerante. Un peregrinaje por la locura, por los mares y los cementerios. una procesión de velas derritiéndose en venganza, una travesía de sangre. Fue la senda tortuosa de la muerte, uno de los dilectos caminos de la Argentina contemporánea. Fue, es, la historia de “Santa Evita”, y la escribió Tomás Eloy Martínez (60). Santa Evita, es un libro, una novela real del destino trashumante de un cadáver, el de María Eva Duarte de Perón, que después de muerta empezó a viajar sin destino. desatando vendavales de maldiciones, suscitando amores negros, apabullando al país con intrigas, y seduciendo al mundo con las lágrimas que brotaban de una momia hermosa, melancólica y profanada por la vida en el corazón de su larga muerte.
En una turbia medianoche de invierno de 1989 sonó el teléfono en la casa de San Telmo de Tomás Eloy, que decidió atender “por letargo o por desconcierto”. Era el coronel Héctor A. Cabanillas (en la novela se llama Tulio Ricardo Corominas), era el hombre que había pivoteado, por expresa disposición de Pedro Eugenio Aramburu, el “Operativo Traslado” de los restos de Eva Perón a lugar seguro. Cabanillas había tenido un predecesor frustrado y demencialmente castigado por la obsesión de Evita: el teniente coronel Carlos Moori Koenig (en la novela aparece con su nombre real). Moori Koenig nunca pudo dar cristiana sepultura al cuerpo de la segunda esposa de Perón. Una cadena de enigmáticas desgracias lo derrotaron antes y lo ahogaron en un río de ginebra y de delirio. Esa noche, la del llamado, fue una noche de cita. Tomás Eloy fue al café Tabac de Libertador y Coronel Díaz. Y allí se encontró con Cabanillas (Corominas); con Jorge Rojas Silveyra -embajador en España en los tiempos de Alejandro Agustín Lanusse. Rojas fue el encargado de devolver a Juan Perón el cuerpo de su mujer después de décadas de secretos ambulatorios. También estaba otro testigo crucial, fantasmagórico y desdoblado, que la cautela del novelista decidió llamar “Maggi”. Ellos le entregaron toda la documentación que tenían en sus manos, porque “el secreto los ahogaba”. La historla del cuerpo de Evita empezaba a develarse.
Noticias accedió en exclusiva a un capítulo que el autor decidió excluir de su libro. Es otro final posible para un relato que no termina. A continuación se consignan los fragmentos narrativos de ese capítulo, y en un contrapunto ante Noticias, y de frente a su propio texto, Tomás Eloy habla de la Argentina.

Texto tomado de este enlace

La pasión según Trelew

pasiontrelewTomás Eloy Martínez, La pasión según Trelew, ed. Punto de lectura, Buenos Aires, 2007.

258 págs.

En la madrugada del 22 de agosto de 1972, dieciséis guerrilleros fugados del penal de Rawson y detenidos en la base aeronaval Almirante Zar, de Trelew, fueron fusilados por sus carceleros. Esos disparos sobre prisioneros a disposición del Estado argentino prefiguraron el horror que desataría la represión ilegal durante la dictadura. Un poco más tarde, esa misma madrugada, mientras revisaba los últimos detalles de la edición del semanario Panorama, Tomás Eloy Martínez oyó el repiqueteo de una teletipo. Se acercó a ver qué novedad podía emitir a esa hora la agencia de noticias oficial y encontró un texto incomprensible: “Durante un fallido intento de fuga, quince delincuentes subvers ANULAR ANULAR ANULAR”. Sospechando una ejecución masiva, Martínez cambió la tapa de Panorama. Al día siguiente fue despedido, acusado de difundir una información que oficialmente era falsa. Viajó a Trelew para reconstruir los hechos, y al llegar se encontró en medio de una de las rebeliones populares más encendidas y secretas de la historia argentina. La ciudad se había alzado contra la detención de un grupo de sus habitantes más respetados, enviados a la cárcel de Villa Devoto por cooperación con los guerrilleros. El pueblo se declaró en estado de comuna y se movilizó día y noche exigiendo la libertad de los vecinos.
La pasión según Trelew narra la masacre y la rebelión como una misma tragedia, uniendo documentos y personajes en un relato magnífico. Publicada por primera vez en 1973, prohibida a fines de ese año y quemada en una guarnición militar, esta obra mantiene, en esta edición corregida y ampliada, su capacidad para revelar cómo las pequeñas historias de la gente común se entrelazan con la historia mayor del país.